Un documento muy interesante de P. David Quesada CERA DE ABEJA SIN RESIDUOS QUÍMICOS, ORGÁNICA Y ECOLÓGICA. Problemas derivados de la contaminación de la cera


Las sustancias químicas son, en la actualidad, una de las mayores amenazas para toda forma de Vida en nuestro planeta.

Tienen efectos teratogénicos (malformaciones fetales y congénitas), carcinogénicos (inducen el desarrollo de formaciones tumorales), mutagénicos (provocan mutaciones en las células, la base de los procesos cancerígenos) y disminuyen la fertilidad.

Se comportan también, en ocasiones, como disruptores endocrinos y mensajeros químicos, es decir, actúan de manera análoga a como lo harían determinadas hormonas, biocatalizadores, enzimas o moduladores habituales y normales del metabolismo y reacciones químicas del organismo.

Los “sustituyen” y suplantan, asumiendo sus funciones, actuando como si fueran ellos, haciéndolo de manera persistente y continuada y no cuando los mecanismos reguladores de la homeostasis interna de los seres vivos lo requieren, lo que ocasiona diversos trastornos, enfermedades y alteraciones.

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En el contexto de la apicultura, aunque los estudios son escasos, ya se ha demostrado que dañan a las abejas, la miel y, por extensión, al apicultor y la apicultura, comprometiendo su futuro.

La utilización de láminas de cera estampada es una práctica indispensable de manejo en el ámbito de la apicultura comercial, ya sea convencional o ecológica/orgánica.

Como elemento vital para el enjambre, los panales de cera actúan como almacén y soporte de alimentos para las abejas (¡y para nosotros!) y donde alojar su cría y descendencia.

La acumulación de residuos químicos en altas o bajas cantidades y elevada frecuencia en los mismos es la tónica actual en el panorama de la cera de abeja.

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Este hecho se agrava a medida que transcurre el tiempo, a través del proceso de reciclado y reutilización de la misma, debido al carácter liposoluble de los compuestos y al fenómeno de acumulación que tiene lugar, avocando a la industria de la cera y a los apicultores a un callejón sin salida.

Debido a esta acumulación, se produce, pues, en el interior de la colmena, un estrecho, íntimo y directo contacto entre cera contaminada con residuos químicos y alimentos almacenados por las abejas (miel y polen), así como entre dicha cera y sus residuos con las larvas en sus distintas etapas de desarrollo.

Debido a las dificultades de encontrar en el mercado cera ecológica/orgánica certificada con un nivel cero de residuos, algunos países como Italia, Alemania o Suiza proponían hace unos años tolerar unos niveles de entre 0.1 and 1 mg/kg para cada acaricida en cera orgánica (Bogdanov, 2004).

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Actualmente, el reglamento europeo que regula la producción ecológica trata de aflojar las exigencias a los productores apícolas permitiendo a determinadas explotaciones, si no encuentran esta cera certificada en el mercado, utilizar cera laminada a partir de opérculo de productores ecológicos y que demuestre no tener residuos.

Pero, ¿existe también esa cera? ¿Es lícita esta medida? Y, si somos meticulosos y estrictos, me atrevería a plantear la siguiente pregunta: ¿Puede existir la Apicultura Ecológica / Orgánica Certificada en el contexto de la apicultura actual? ¿Cuál es el futuro de la miel, Néctar de los Dioses, y su imagen de alimento Puro, Vital, Natural y Ecológico por definición para la mayoría de sus consumidores? ¿Qué consecuencias podría tener sobre el sector un escándalo alimentario provocado por estos residuos?

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